jueves, 28 de mayo de 2015

LA DESEADA LIBERTAD



Hoy estamos viviendo un momento social del culto a la libertad. A diario escuchamos reivindicar la libertad a poder expresarnos, a poder decidir y a poder actuar libremente, sobre todo aquello que concierne a nuestras vidas. Está demás decir, que no se puede tener libertad en todo, porque es necesario tener presente que la libertad de uno se termina donde empieza la libertad del otro y siempre habrá límites que se tienen que aceptar para poder convivir. Pero sí se debería respetar la libertad en aquellos aspectos de la vida de cada uno, si no se perjudica a nadie con ello, para hacer las cosas que son buenas para cada persona. Y aquí también hay que incluir a los niños.

Porque reflexionando sobre esta lucha por la libertad yo me pregunto ¿cómo se concilia este deseo y exigencia de libertad de las personas, con actos como prohibir a los hijos que se relacionen con su padre y con su madre, cuando sus padres están separados, saltándose el respeto y las necesidades de los niños? ¿Por qué no se hace extensible esta defensa de la libertad a los hijos, cuando es una relación buena, necesaria y además es un derecho?.

¿Por qué algunos progenitores no permiten a los hijos tener esa libertad para ver y hablar con su padre o su madre cuando lo necesitan o lo desean?.

¿Por qué a los niños se les usurpa la libertad de relacionarse con ambos padres, algo que no hace daño a nadie y, al contrario, sí les daña a ellos?. 

¿Estamos utilizando diferentes varas de medir para los adultos y para los niños?. Pongámonos en el lugar de los niños y reflexionemos sobre qué estarían haciendo con nuestra libertad, por no decir también, con nuestros sentimientos, emociones, derechos, y con nuestra vida, si nos prohibieran ver o hablar con alguno de nuestros padres, sin más, porque sí.

Querer bien a los niños es hacer aquello que es bueno para ellos
 


martes, 26 de mayo de 2015

El bullying produce mucho daño psicológico

El bullying o acoso escolar por parte de unos niños a otros produce un daño psicológico y un sufrimiento enorme a los niños acosados  hasta el extremo de poder llegar al suicidio como en el desgraciado caso de la niña Arantxa. En muchos casos tienen secuelas durante muchos años, de baja autoestima, de miedo, pesadillas,  muchas dificultades para establecer vínculos de relación, aislamiento social, soledad, depresión.  La mayoría de los niños lo callan por temor a sufrir mayor acoso y más represalias; otros lo cuentan en la familia pero prohiben a sus padres que lo digan por miedo.

Sin duda es en la familia donde se tiene que educar a los niños desde pequeñitos en la no agresión y en el respeto a los otros. Junto con el Colegio quien debe tomar medidas para detectarlo y frenarlo con contundencia, sin dilatarlo en el tiempo o pensando que se pasará y los profesionales apoyando y colaborando para que esto no ocurra.

El acoso se puede producir a cualquier edad. En muchos casos se puede iniciar en edades tempranas a los cuatro o cinco años por otros niños de la misma edad. Hay que pensar que a estas edades y otras mayores como los adolescentes, los niños  no tienen medida de sus actos y no conocen la importancia que pueden llegar a tener sus acciones porque no tienen ni la madurez ni el conocimiento para saberlo. Por ello debemos ser los adultos, la familia y el Colegio donde hay que  detectarlo para frenarlo y prevenirlo desde la infancia inculcando a los niños la convivencia sana, la no agresión a los otros y el respeto a sus compañeros y amigos.

sábado, 23 de mayo de 2015

LO QUE SERÍA BUENO CAMBIAR EN BENEFICIO DE LOS HIJOS



Cuando veo el sufrimiento de hombres, mujeres y de los hijos, cuando una pareja se rompe, solo puedo pensar que ante tanto dolor, el camino bueno es buscar un cambio positivo, un mejor entendimiento para evitar sufrir tanto. Creo que los hombres y las mujeres son buenos en sí mismos y además tienen los recursos suficientes para ser capaces de lograr hacer un cambio para estar mejor.


Pero lo que sí creo que es malo y se debe cambiar son los medios con los que se interactúa como son, la mala comunicación, la falta de diálogo, de respeto, de amor, de comprensión, de empatía, de consenso, el deseo de venganza, la ausencia de buena voluntad... Todos ellos se deben cambiar por más cordialidad, más empatía, comprensión, por el deseo de hacer el bien para facilitar el cambio, por el entendimiento, por ser honesto, por el amor a los niños, por conseguir la buena disposición y colaboración en la responsabilidad común que son los hijos, por el perdón, por el consenso, el sentido común, por cambiar para mejorar la calidad de vida…

Sería bueno que los padres mejoren aquellos medios que estén mal para que tengan una mejor comunicación y entendimiento especialmente en aquello que concierne a los hijos, para que puedan crecer sanos y tener lo que necesitan todos los niños, un padre y una madre con quien poder relacionarse libremente.


Estos cambios son igualmente buenos, valiosos y aplicables a las familias enteras
Querer bien a un hijo es hacer aquello que es bueno para él. De mi libro “Parejas rotas, hijos heridos”

sábado, 25 de abril de 2015

LOS HOMBRES TAMBIÉN SIENTEN DOLOR EMOCIONAL Y SUFREN



EL SUFRIMIENTO DE LOS HOMBRES


Siento extrañeza, y quiero compartirlo, ante una pregunta que me han hecho en varias ocasiones en mi trabajo relacionado con el sufrimiento por la separación o divorcio, y que siempre la recibo con sorpresa. La pregunta es ¿Los hombres sufren igual que las mujeres? Mi respuesta siempre es “sí, sufren igual que las mujeres, también sienten mucho dolor, pero a veces lo manifiestan de manera diferente”. He visto llorar a mujeres por la separación de la expareja y de los hijos; he visto llorar a hombres por la separación de su expareja y de sus hijos; conozco mujeres que han enfermado como consecuencia de la separación o divorcio y conozco hombres que también han caído enfermos después de la ruptura; también sé de mujeres que incluso han pensado y realizado conductas autodestructivas por no superar la separación y sé de hombres que también han tenido esta vivencia de desesperación. Entonces a qué se debe esta duda.

Esta pregunta aparentemente ingenua me ha llevado a pensar en ello. En parte creo que puede encerrar el papel que ha tenido el hombre a lo largo de su historia. Yo he pensado ¿por qué nadie me pregunta si las mujeres sufren y sí me preguntan sobre los hombres? ¿Por qué se da por hecho que las mujeres sí sufrirán la ruptura y la separación de su expareja y de los hijos y los hombres no?, siguiendo con la reflexión ¿cómo ve la sociedad a los hombres, qué imagen se tiene de ellos para poder llegar a pensar que no sufren como las mujeres? ¿Qué hacen las mujeres que no hacen los hombres o qué hacen los hombres que no hacen las mujeres para que se llegue a percibirlos de manera distinta?

Yo he reflexionado sobre esto tratando de encontrar ideas o razones que puedan explicar esta visión del hombre. Creo que algunas de ellas pueden venir enraizadas en la cultura, en el papel que ha tenido el hombre, y sigue teniendo aunque en menor medida, a lo largo de la historia. Razones que pueden haber sido muy beneficiosas para la sociedad, pero que, por el contrario, pueden haber llegado a construir esta imagen del hombre. Voy a comentar algunas de ellas.

  • Los hombres apenas muestran sus emociones públicamente, delante de los demás, lo que puede llevar a la idea de que no sienten. Sería la idea de “Lo que no se ve, no está”.
  •  No mostrar las emociones públicamente puede deberse a que “no se les ha permitido socialmente”. Por ejemplo, que llore un hombre en público “es un gesto de mujer” aunque esto se va extinguiendo por fortuna. Ya conocemos cuando Boabdil entregó Granada la frase de “llora como una mujer lo que no has sabido defender como un hombre”. Un comentario más actual, entre los jóvenes, en algunos casos, sería llamarle "nenaza".
  •  Pero también, parece que la sociedad les ha dado el papel de que deben actuar antes que sentir, ante un problema el hombre era el que debía tomar la iniciativa de la acción y no pararse a llorar o a sufrir. Ha asumido el papel en la sociedad de solucionar los problemas en lugar de lamentarse por ellos o no tenían tiempo para lamentaciones ante un problema porque eran los que tenían que aportar soluciones.
  •  También han asumido que ellos tienen que ser fuertes para cargar con sus problemas y sobre todo con los de la familia.
  • Se les ha asignado el papel de ser el hombro donde lloran los otros y ellos solo tienen que ser fuertes para resistirlo.
  •  La sociedad también les ha hecho fuertes porque les necesitaba fuertes para no sentir dolor ante las duras pruebas que les ha puesto siempre: si hay una catástrofe, un fuego, por ejemplo, los hombres son los que se ponen delante; si hay un peligro los niños y las mujeres primero a proteger; si hay un conflicto bélico van los hombres al frente; si hay que ir a cazar animales son los hombres los que primero iban; si hay que dar una noticia desagradable se buscaba primero al hombre; si alguien recibe un daño, un accidente, es el hombre el que primero corre en su ayuda. Se le convirtió en un gigante que pudiera recoger todos los golpes y ser el muro de apoyo, emocional, también económico, de defensa, para la familia y para la sociedad.
  •  La sociedad ha hecho fuerte al hombre porque necesitaba una figura fuerte para que se pusiera al frente de las situaciones más difíciles y que asumiese el papel de protector de los débiles.
Y este rol del hombre en la sociedad puede estar en la raíz de esta imagen que, probablemente, ha creado el hombre de sí mismo y que la sociedad tiene de él, aparte de otras variables genéticas como la fuerza física que le da la naturaleza.

Este rol les ha impedido expresar las emociones y sentimientos, les ha encerrado en su mundo, les ha llevado a vivir sin poder hablar de sus fragilidades, de que ellos también necesitan un hombro donde llorar. Por un lado, les ha llevado a tener un lugar de privilegio porque son como el refugio que protege y el torreón que defiende,  pero también les ha obligado a tener que mostrarse como gigantes con apariencia de corazón frio para no mostrar sus heridas y tener que curarlas en su soledad.

¿Cómo se puede cambiar esta imagen equivocada del hombre? ¿Cómo se puede transmitir  a la sociedad que los hombres también sienten y sufren, tanto como las mujeres?. Creo que debe ser una labor a la que debemos contribuir todos.




Rosa María Boal
Psicóloga Clínica